Realimentación: por qué pita y qué ayuda de verdad

Subes el micrófono y a partir de un punto empieza. Siempre en el mismo tono. Bajas y se detiene, pero la charla queda demasiado baja. No es una avería ni mala suerte: es una cuenta, y tiene exactamente cuatro variables.

Qué está pasando en realidad

El sonido recorre un círculo: micrófono, mesa, amplificador, altavoz, sala y de vuelta al micrófono. Mientras en ese recorrido se pierda más nivel del que se gana, todo permanece en silencio. En cuanto el lazo devuelve en una frecuencia exactamente lo mismo que consume, empieza a excitarse a sí mismo.

Por eso siempre pita primero en un solo tono: en el pico más alto de todo el lazo. Ese pico es la suma de todo, la respuesta del micrófono, la del altavoz, las reflexiones de la sala y el punto exacto donde está el micrófono. Medio metro más allá es otra frecuencia. Y por eso una lista de frecuencias críticas sacada de internet no sirve de nada.

Las cuatro palancas, ordenadas por efecto

  1. Distancia a la fuente. La palanca más fuerte, y no cuesta nada. Si reduces a la mitad la distancia de la boca al micrófono, ganas 6 dB, más de lo que te dará jamás un ecualizador. 20 cm en lugar de 40 cm es toda la diferencia entre inservible y cómodo.
  2. Dirección. El micrófono tiene que quedar fuera de la radiación del altavoz. No decide solo la distancia, sino cuánto sonido llega realmente al lugar donde está el micrófono. Altavoces por delante de la línea de micrófonos y micrófono cardioide de espaldas a la caja: juntos, a menudo 10 dB o más.
  3. Número de micrófonos abiertos. Cada micrófono abierto alimenta el mismo lazo. El doble de micrófonos abiertos cuesta 3 dB. Cuatro en lugar de uno cuesta 6 dB. Lo que no se necesita se cierra: esta es la palanca que más a menudo regalan coros y mesas redondas.
  4. Ecualizador. Al final, no al principio. Un filtro estrecho sobre el pico más alto aporta exactamente lo que ese pico sobresalía del segundo, normalmente de 3 a 6 dB. Después toma el relevo el siguiente. Es una ganancia real, pero limitada, y es la menor de las cuatro.

Por qué el ecualizador no llega más lejos

Tras el primer filtro el lazo tiene un pico menos. Tras el segundo, el siguiente. Después de cuatro o cinco filtros ya no has quitado picos, has vaciado el sonido, y la ganancia por filtro se reduce cada vez, porque hacia abajo los picos están cada vez más juntos.

Quien necesite 20 dB más no los conseguirá con un ecualizador. Quien necesite 4 dB los tiene de inmediato. Esa es toda la diferencia, y la razón por la que distancia y dirección van antes del filtro y no después.

Cómo encontrar las frecuencias

A mano: cierra todos los micrófonos menos uno y sube el nivel despacio hasta que empiece justo a resonar, no a pitar. Atenúa ese tono, estrecho, de 3 a 6 dB. Sigue subiendo. Para a la segunda o tercera vez: lo que venga después cuesta más sonido del nivel que aporta.

Con una medición: los picos de la respuesta en el punto de escucha son los candidatos. No son lo mismo que el lazo, porque el lazo incluye el micrófono y su posición, pero las resonancias más fuertes de la sala aparecen en ambos. Si has medido la sala, sabes de antemano dónde se pone crítico en lugar de descubrirlo durante el acto.

La frase honesta para terminar

La realimentación es un problema de nivel, no de filtros. Los 6 dB de reducir la distancia a la mitad te los regalan; los 4 dB de un filtro los pagas con sonido. En ese orden vale la pena, y por eso el gesto más importante no tiene nada que ver con la técnica: el micrófono más cerca y el altavoz delante.

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